El Señor Está Cerca

Viernes
20
Diciembre

Salía David a dondequiera que Saúl le enviaba, y se portaba prudentemente.

(1 Samuel 18:5)

Poseer un carácter prudente

Debe haber alguna razón de peso para la cuádruple repetición de esta frase en este capítulo (vv. 5, 14-15, 30). Es como si el Espíritu Santo quisiera enfatizar claramente la prudencia y seriedad que deben caracterizar a aquel cuya vida está escondida en Dios. Caminemos con Dios, permaneciendo en él, sometiendo nuestros pensamientos y planes a los suyos, manteniendo, por encima de todas las cosas, una comunión viva con él, hablando de nuestras vidas con él, antes de salir a caminar por esta vida en presencia de nuestros semejantes. Entonces nosotros también tendremos esta sabiduría de gracia, que es más moral que intelectual, y que es producto de la gracia de Dios más que de la cultura humana.

Nuestra vida será bien vista ante los hombres (v. 5). La vida de David era acepta “a los ojos de todo el pueblo” y, más maravillosamente aún, “a los ojos de los siervos de Saúl”, quienes podrían haber estado celosos. Una vida vivida para Dios desarma los celos y la envidia. Aquel que, cuando era niño, buscaba estar ocupado en los negocios de su Padre, creció en sabiduría y en gracia para con Dios y los hombres (véase Lc. 2:49, 52).

Nuestra vida reprenderá y asombrará a nuestros enemigos (v. 15). Saúl comenzó a tener temor de David. Cuando se nos tiendan trampas y lazos, seremos capaces de abrirnos paso a través de ellos, como hizo Jesús cuando trataron de hacerlo caer con discusiones. Tendremos una sabiduría que todos nuestros enemigos juntos no podrán discutir ni resistir.

Nuestro nombre será de mucha estima (v. 30). A la gente le gustaba nombrar a David y pensar en él; se daban cuenta de la belleza y nobleza de su carácter y quedaban impresionados. Siempre debemos considerar nuestras vidas, aficiones y proyectos a la luz del resultado que obtendrá Aquel cuyo buen nombre es invocado sobre nosotros (véase Stg. 2:7).

F. B. Meyer

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