El Señor Está Cerca

Viernes
29
Noviembre

[Dios] no perdonó al antiguo mundo, pero salvó a Noé, el octavo, pregonero de justicia, cuando trajo el diluvio sobre un mundo de impíos.

(2 Pedro 2:5 VMA)

Comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña.

(Génesis 9:20)

Cristo en las figuras del Antiguo Testamento (2)

Como vimos ayer, Pedro menciona una figura de Cristo en la época del diluvio, en los días de Noé (1 P. 3:20-21). Pero también hay otros pasajes acerca de Noé que ilustran verdades del Nuevo Testamento. En 2 Pedro 2:5 a Noé se le llama “el octavo” (no solo “[él] con otras siete personas” como versan varias traducciones). Así como el octavo día marca el comienzo de una nueva semana, Noé dio inicio a un nuevo mundo después de que las olas del juicio de Dios se retiraron de la tierra. Este nuevo mundo, iniciado con Noé, ilustra el nuevo comienzo de Dios en Cristo, en quien todas las cosas son hechas nuevas (2 Co. 5:19).

Noé también es llamado “pregonero de justicia”, pues anunció el juicio que se avecinaba como el medio de salvación de aquel juicio. En esto también vemos un tipo de Cristo, quien también “vino y anunció las buenas nuevas de paz” (Ef. 2:17) y la “palabra de la reconciliación” (2 Co. 5:19). Después del diluvio, Noé plantó una viña, mientras que Cristo es la Vid verdadera, en quien hallamos todos nuestros recursos (Jn. 15:1-11). Al leer atentamente el Antiguo Testamento, podemos reconocer vínculos que apuntan a Cristo y su obra, incluso en figuras que no están llamadas específicamente de esa manera. La vida de José, por ejemplo, contiene algunas de los tipos y figuras más expresivos de Cristo en todas las Escrituras, aunque nunca se describe en el Nuevo Testamento como un tipo propiamente dicho.

Sin embargo, los tipos y figuras bíblicas tienen límites, por lo que no podemos establecer un principio bíblico a partir de ellos. Son simplemente ilustrativos y a menudo contrastan con la realidad de Jesucristo. Por ejemplo, la vergüenza de Noé en Génesis 9:21 no puede ser comparada con la vida de Cristo, el Siervo justo de Dios. A pesar de sus límites, los tipos arrojan una luz aún más brillante sobre el Señor mismo.

Stephen Campbell

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