El Señor Está Cerca

Día del Señor
7
Abril

El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!

(Juan 12:12-13)

El Rey sin posesiones

En la antigüedad, cuando los reyes de este mundo entraban en su capital, ellos iban ataviados con sus armaduras de plata, montando caballos blancos como demostración de su poder. Sin embargo, la forma en que Jesús, el Rey conforme al corazón de Dios, entró a Jerusalén, fue similar a la forma en que llegó a Belén la noche en que nació: con la mayor humildad. Jesús iba sentado sobre un pollino (v. 14), mostrando paz y humildad. Sorprendentemente, el pollino era prestado, al igual que la primera cama de Jesús: un pesebre (Lc. 2:16).

Jesús no tenía trabajo, casa, ejército ni ninguna otra señal visible de poder. ¿No es sorprendente que él, el Creador, no tuviera posesiones? Al principio de su ministerio, él pidió prestada una barca y el almuerzo de un niño. La barca la utilizó como plataforma para predicar; el almuerzo del niño para alimentar milagrosamente a una multitud hambrienta. Y antes de finalizar esta semana, su cuerpo iba a ser puesto en una tumba prestada. Su fama se había disparado gracias a su mayor milagro: la resurrección de Lázaro. Es por eso que, cuando las multitudes se enteraron de que venía a Jerusalén, el entusiasmo alcanzó su punto máximo. Debido a que esa semana era la Pascua, más de un millón de personas se habían reunido en Jerusalén. Jesús estaba rodeado de peregrinos, y algunos extendieron sus vestidos en el camino, mientras otros pusieron ramas de árboles en su camino. Y al pasar Jesús, la multitud gritaba: “¡Hosanna al Hijo de David!” (Mt. 21:9).

Jesús había rechazado anteriormente todos los intentos de hacerlo rey. Sin embargo, en esta Pascua actúo de forma diferente. Les había pedido a sus discípulos que buscaran un pollino para su entrada a la ciudad, indicando así que él era el Rey anunciado por Zacarías (Zac. 9:9). Después de esta demostración pública de poder, la élite religiosa se vio obligada a aceptarlo o rechazarlo, a sentarlo en el trono de sus corazones o a clavarlo en una cruz.

Tim Hadley, Sr.

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