El Señor Está Cerca

Jueves
21
Marzo

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora… tiempo de matar, y tiempo de curar.

(Eclesiastés 3:1, 3)

El Eclesiastés y el cristiano (6)

¿Existe realmente un “tiempo de matar” para el cristiano? Pues lea lo que Pablo escribió en Colosenses 3:5-9: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría… Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos”. Así que la respuesta es sí, hay momentos en nuestra vida en los que matar o dar muerte es lo que hay que hacer.

Como cristianos, nos hemos “despojado del viejo hombre con sus hechos”. Pero como todavía tenemos la vieja naturaleza en nosotros (“la carne”), puede suceder que algunas obras del “viejo hombre” reaparezcan en nuestras vidas. Si algunos de los pecados mencionados en Colosenses 3:5-9 -fornicación (relaciones sexuales fuera del matrimonio), impureza (impureza moral, por ejemplo, la pornografía), pasiones desordenadas (deseo sexual desenfrenado u homosexualidad), malos deseos y avaricia (amor al dinero) – se han convertido, por así decirlo, en pecados que toleramos, entonces debemos tomar medidas radicales. Hay que matarlos, lo que puede significar un cambio radical en nuestros hábitos y forma de vida; hay que evitar absolutamente ciertas situaciones, regular el uso de internet, etc. El término utilizado por el apóstol en el versículo 5 (“haced morir”) es más fuerte que el utilizado en el versículo 8 (“dejad”), porque los pecados mencionados en el versículo 5 son potencialmente adictivos.

Después de haber considerado estos puntos tan serios, ¡qué bueno es ver que también hay “tiempo de curar”. El Señor sabe cuándo necesitamos curar nuestras heridas. “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina” (Pr. 12:18). Incluso podemos herirnos unos a otros con palabras imprudentes, pero ¡qué bendición que haya esos hermanos o hermanas cuyas palabras traen sanidad!

Michael Vogelsang

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