El Señor Está Cerca

Sábado
6
Enero

Él restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre.

(Salmo 23:3 NBLA)

Restauración (1)

¡Cuántas veces necesitamos ser restaurados! Con qué rapidez pasan por mi mente pensamientos pecaminosos o, en un momento de distracción, una palabra dura brota de mis labios. Tal vez haya una reacción apresurada de la carne a caer en algo que había prometido no volver a hacer. Pero qué bello saber que “él restaura mi alma”. Estas palabras siguen siendo verdaderas. El Señor le dijo a Pedro: “Yo he rogado por ti, que tu fe no falte” (Lc. 22:32). Él ha hecho esto por nosotros muchas veces, y lo hará muchas más cuando surja la necesidad. Podemos contar con nuestro bondadoso Pastor para que nos restaure, pero no podemos contar ni por un momento con nuestras propias fuerzas para no fallarle.

Queremos discernir la voluntad del Señor para nuestras vidas, así que intentamos descubrirla por nuestra propia cuenta. Entonces descubrimos que los planes que hemos hecho terminan siendo una decepción. ¿Qué ha pasado? Estábamos tan seguros de que era la voluntad del Señor, y ahora todo se desmorona. Nuestras esperanzas se han hecho añicos y nuestras expectativas se han desmoronado. Entonces miramos a nuestro alrededor para encontrar a alguien a quien culpar. Si no encontramos a nadie a quien acusar, nos vemos tentados incluso a culpar al diablo. Eso es lo que hicieron Adán y Eva después de desobedecer el mandato de Dios. Mientras tanto, el Pastor está esperando pacientemente que volvamos a él.

El Gran Pastor quiere que lo sigamos. Nos guiará por los caminos correctos, no para complacer mis propios deseos, sino por el bien de su nombre. ¿Acaso su discernimiento no es mucho mejor que el mío? ¿Acaso no podemos confiar en él? Esto es lo que hizo con su pueblo terrenal: “Los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos” (Sal. 78:72). Él no cambia. Hoy sigue siendo el mismo. Querido lector, ¿su alma necesita ser restaurada? Entonces que esta sea su oración: “Restitúyeme el gozo de tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder” (Sal. 51:12 NBLA).

Jacob Redekop

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