Sofonías

Sofonías 1:1-18

Sofonías profetizó durante el reinado del fiel Josías. Entonces, ¿por qué su libro es tan severo? Porque sólo por obligación el pueblo había seguido el buen ejemplo de su rey (2 Crónicas 34:33). Una misma condenación amenaza:

1) a los idólatras;

2) a los que con doblez de corazón procuran servir a la vez a Jehová y a Milcom (Moloc);

3) a los que se apartan deliberadamente;

4) por fin, a la masa de indiferentes, los que no buscan a Jehová ni le consultan (v. 4-6). Esa misma clase de personas existen hoy en día y juntas corren al encuentro del mismo juicio. Porque si esas profecías tuvieron un cumplimiento parcial en el pasado, no olvidemos que el terrible “día grande de Jehová” está todavía por venir. Es evocado desde hace más de 2500 años por los profetas, confirmado por el Señor Jesús en los evangelios y finalmente por los apóstoles en las epístolas. Ya cercano en el tiempo de Sofonías, lo es todavía mucho más ahora (v. 14). Recordemos, pues, esas palabras “que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles”, y cuidémonos de olvidar “la promesa de su advenimiento” (2 Pedro 3:2-4).

Sofonías 2:1-15

Al tratar esas profecías del futuro juicio de los malos, aparentemente pueden tener un interés secundario para los hijos de Dios. Lo que ellos esperan no es la crisis final de la que se habla aquí sino el retorno del Señor para arrebatar a su Iglesia (1 Tesalonicenses 5:4-9). Sin embargo, el anuncio de esa justa retribución del mal debe abrir nuestros ojos acerca del carácter del mundo, de manera que ello nos impulse a separarnos nítidamente de él (2 Pedro 3:10-12). Al no ver actualmente a Dios castigar la maldad de los hombres como se lo merecen, podríamos olvidar cuánto horror siente Dios por ella; por lo tanto, tales mensajes contribuyen a recordárnoslo. En su arrogancia y su insensato egoísmo, la divisa de Nínive es: “Yo, y no más” (v. 15). También es la de Babilonia (Isaías 47:8). Pero escuchemos bien si, a veces, no es igualmente el murmullo de nuestro corazón. En contraste, el versículo 3 nos presenta a los mansos, a los que el Señor llama bienaventurados y que se le parecen (Mateo 5:5; 11:29). Proféticamente se trata del futuro remanente judío (fin del v. 9; cap. 3:13), invitado a buscar a Jehová para ser puesto a cubierto en el día de la ira. Además el nombre de Sofonías significa: «Al que Jehová oculta o protege».

Sofonías 3:1-20

Después de haber castigado a las naciones, la mano de Jehová se extenderá sobre Jerusalén, la ciudad rebelde, corrupta y opresora. ¡Ay! los cuatro reproches que siguen en el versículo 2 hasta podrían ser dirigidos a los hijos de Dios que descuidan la Palabra (“no escuchó la voz, ni recibe la corrección”) o la oración (“no confió en Jehová, no se acercó a su Dios”).

Entonces se cumplirán las palabras del Señor Jesús: “el uno será tomado, y el otro será dejado” (Mateo 24:40). Los rebeldes, los soberbios y los altaneros serán quitados (v. 11) y Jehová dejará subsistir aquí abajo un pueblo afligido, humillado, el cual sólo confiará en Él (v. 12). Habrá regocijo para ese remanente (v. 14) y gozo más grande aún para el Señor, cuyos afectos serán satisfechos. “Descansará en su amor” (v. 17, V.M.) Este versículo se aplica al reinado de Cristo, pero desde ahora ¿no despierta un eco en el corazón de cada redimido? Sí, pensemos en su felicidad. Querido amigo creyente, el que lloró en la tierra ya conoce un pleno y entero gozo respecto de usted (Salmo 126:6). Después del terrible “trabajo de su alma” (Isaías 53:11, V.M.) gozará eternamente —y los suyos con él— del perfecto reposo del amor (v. 17; Jeremías 32:41).

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