Abdías

Abdías 1:1-11

La corta profecía de Abdías está enteramente consagrada a Edom. Este pueblo era el más encarnizado adversario de Israel, pese a ser su más cercano pariente. ¿No descendía de Esaú, hermano mellizo de Jacob? Ese vínculo de parentesco debió haber hablado a la conciencia de Edom. Jehová se lo recuerda: él violentó a su hermano (v. 10).

En su rocosa guarida del monte Seir, Edom vivía del bandolerismo. Al creerse a cubierto de toda represalia, nada igualaba su arrogancia. “De ahí te derribaré, dice Jehová” (v. 4). Tarde o temprano la soberbia humana choca con un veto del Todopoderoso en un espectacular derrumbamiento (2 Corintios 10:4-5). Brutal despertar de ese viejo sueño acariciado por el hombre en todo tiempo: alcanzar hasta el cielo (Babel: Génesis 11:4) y de ese modo hacerse igual a Dios (Filipenses 2:6). Bajo su forma moderna éste consiste en los colosales esfuerzos para explorar el cosmos y poner su nido “entre las estrellas”. “De ahí te derribaré, dice Jehová”.

Queridos amigos, no nos dejemos encandilar por la grandeza humana ni por los éxitos de la ciencia o de la técnica. No olvidemos que este mundo está juzgado y que Dios le pedirá cuenta del lugar que le dio al Señor Jesús en la cruz.

Abdías 1:12-21

“No debiste… no debiste… no debiste…” Siete veces la voz del divino Juez formula acusaciones cada vez más graves. Primero se trata de culpables miradas, de una mala alegría colmada por el sufrimiento y el desastre de otro. Las mismas desvergonzadas y cínicas miradas se posaron sobre Jesús crucificado. “Ellos me miran y me observan” (Salmo 22:17). Pero la malicia de Edom (y la de los enemigos de Jesús) también se tradujo en palabras y hechos. “Estiran la boca, menean la cabeza” (Salmo 22:7; comp. fin del v. 12). ¿Hay peor cobardía que la de insultar a alguien que se halla en la desdicha? Impelido por instintos saqueadores, Edom igualmente había aprovechado la calamidad de Israel para apoderarse de sus riquezas; sin piedad había exterminado a los que se escapaban.. Todos esos crímenes no quedarán impunes. El día de Jehová traerá el definitivo y completo desquite del “monte de Sion” contra el “monte de Esaú”. Mientras un remanente de las demás naciones viva feliz bajo el cetro del Mesías, Edom será borrado del mapa del reino milenario. ¡Qué solemne desaparición la de esa raza de Esaú, quien en otros tiempos había menospreciado la bendición!

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